martes, 6 de junio de 2017

Caesar o el terreno de la guerra




La poesía hoy como cualquier producto cultural es mera moneda corriente. Grupúsculos, poetas emergentes, poetas apadrinados, poetas becados, poetas licenciados, poetas del pueblo, poetas malditos (¿todavía?), poetas amorosos (los peores), poetas académicos, slameros (que se ofenden si no se les reconoce como poetas), raperos (versificadores confundidos), performanceros, antipoetas  y vaya… podríamos desperdiciar la cuartilla entera en todo los ismos y caterva de poetas que pululan en un país que se caracteriza por sus altos índices de incomprensión lectora. Al parecer el slogan ha funcionado: “lee veinte minutos al día”, “México hacia un país de lectores”, “en esta escuela todos somos lectores y escritores”, bla, bla, bla… chida retórica… Nuestra “nueva poesía” exhibe lo soez de este tipo de demagogia cultural; ya sea en los escaparates de primer nombre para lo socialite cultural, pasando por los escalafones universitarios y políticamente organizados, hasta los defensores del pueblo y los habitantes del hoyo fonkie herederos de malos lectores de Fante, Bukowsky, Lowry y todos los dipsómanos y yonkies que usted recuerde. ¡Todos poetas!, todos con su trompeta de oro –latón; no mames… si aquí no alcanza pa’ más– intentando  ganar un lugar dentro de la parcela para la que escriben: En el paraíso de la globalización todos somos espectadores y protagonistas en un mismo click. Entre tanta “novísima” propuesta y promesa no pude evitar preguntarme sobre la poesía y para qué escribirla en estos tiempos en que la palabra es un reflejo equivoco de la democracia. Obvio, éste no es el espacio de la respuesta, pero sí de una propuesta que indirectamente quiere dar en un punto cercano a ella, más interesante que el fin anterior. Me refiero al poemario Caesar de la precoz escritora Daniela Rey Serrata.




             Lo primero que hay que señalar es que no estamos ante un libro de poemas o recopilación de los mismos, Caesar es un poemario, primera virtud de no poco mérito, pues la relación entre los temas y la escritura que se sostiene a lo largo del viaje temporal, anímico, sexual y poético que representa este poemario. Sí, es cierto, son 52 poemas que conforman un solo poema en el que la poeta agota las unidades temáticas que conforman el andamiaje de Caesar. Esto que parece un acento de aprobación académica dice en realidad lo único que me interesa, a nivel personal, expresar sobre la autora: su oficio poético. Daniela Rey Serrata es una escritora que rechaza la improvisación, la inspiración de primera impresión y los accidentes alrededor de los círculos literarios de moda (lecturas nudistas, amiguismos, grupúsculos y lecturas públicas en donde nadie escucha pero todos escriben)… sin embargo, su nombre ya tiene un par de años dispersándose –pues tiene la propiedad de los virus silentes– entre el insipiente terreno –y por momentos sorpresivo– de la literatura joven mexicana.
           Dejando a un lado a la autora, reitero que se trata de un poemario donde en una primera lectura desatendida –como hoy se estila– pareciera, de manera engañosa y no exenta de malicia por parte de Rey Serrata, se tratara de un inocuo poemario biográfico. Nada más lejano, afortunadamente, de la realidad poética (sí, esa realidad abstracta que se vasta a sí misma). Caesar es en sí un viaje entero que va de la adolescencia para virar a la niñez, saltar a la inestable vida adulta, regresar a ese tiempo ajeno que nos regalan las crónicas, la poesía y los libros. En corto: este libro contiene una mitología personal en la que se puede ver reflejado quién se asome, pero donde están presentes los elementos o unidades temáticas que entretejen y dan forma a las obsesiones, aciertos, errores y quimeras –o voz lírica dirían hasta hace pocos años atrás– que constituyen el contradictorio personaje que es el poema cesariano. Asistir a los poemas de este libro es asistir al entramado esquizofrénico de la niñez, el ajedrez, la adolescencia, el amor con su clásica tragicomedia, los dioses derruidos por el tiempo y las ruinas latinas de un pasado bélico en el que el personaje cree encontrar (o inventa) un interlocutor (monólogo al que, adentro del poemario, asiste la memoria disfrazada de fantasmas). Estas unidades temáticas son, en lectura propia, nodales pero no apocan el contenido de los versos, pues estas unidades temáticas se conectan con imágenes poéticas mucho muy variadas en las que se pueden encontrar (si el elector es de lengua mental curiosa) filamentos de diversos nombres, tonos, colores y lugares imposibles y fascinantes.
             Mas no hay que confundirse, a las unidades temáticas de este poemario no se llega de manera lineal, sino por la elaboración técnica de las imágenes cortantes, arrítmicas e inmediatas que se suceden con acierto y sujetas al ritmo del poemario en su conjunto, no del poema en particular, y el ritmo del poemario se encuentra sujeto al caos ordenado, lo reitero, no por azar, sino por técnica que revela la hiperfragmentación de las generaciones “forever teen” que ha escupido la vibrante revolución tecnológica. Por ello resulta natural que en Caesar todo sea secuela del encuentro entre contradicciones: Construcción autoreferencial en paralelo con las impresiones del mundo externo agobiado en guerras, dramas políticos, fugas al pasado, estrategias de juego que simulan y a veces revelan la naturaleza humana. Versos con sincero tono violento que se contraponen a imágenes de belleza rara y efectiva. El adolescente masculino y femenino fundido en una voz asexual que, como las máscaras, nos permite adueñarnos momentáneamente de Otro siempre en potencia en las geometrías mentales; la maternidad que no encuentra lugar en la larga orfandad enfadada de la especie, pero que quiere lograrse como si quisiera dar a la guerra al hijo –cordero que quizá nunca verá la luz – que hiciera por ella/él lo que no había podido realizar por sí mismo. La victoria siempre por encima de la derrota, pero sin esta última imposible la primera. Y la provocación, constante en el personaje la provocación de quien se mueve, con sonrisa cínica, cómodamente sobre el tablero de ajedrez.  
            Pero como se sabe, el tema o los temas siempre contienen “lo que se cuenta” (sí, estamos ante un poemario de corte narrativo), pero en materia de poesía siempre es más importante el “cómo se cuenta”, pues técnicamente es ahí donde radica la diferencia entre poesía y las muchas “ocurrencias” que hoy pululan a granel gracias a la arbitrariedad de pequeñas editoriales muy irresponsables que confunden –diría mi sabia abuela– “la gimnasia con la magnesia”. Por esto último es importante para mí, claro está, el ponderar este poemario que presenta un excelente manejo de la imagen poética. Los versos de Rey Serrata son, en este orden, calibrados, violentos, multireferenciales, emotivos, asexuales, atemporales y de un humor sórdido que, dicen quienes han leído poemas en plaquettes y poemas dispersos en revistas, páginas web, audios, etc., conserva y en este poema se solidifica para dar directamente en la nuca.
              Sí morra… Sí morro, sé que quieres encontrar en los poemas al autor lo indescifrable. Sé que te enseñaron a leer literatura con los viejos modelos que dictan que la obra es reflejo de quien lo escribe. Pero resulta obsoleto querer encontrar a Daniela Rey Serrata en Caesar; esto es un poemario, no un chismográfo…, sin embargo, sí se puede decir que se trata de una poética, ¿y qué poética no es biográfica? El poemario de Rey Serrata goza de ese tipo de contradicciones, lo que lleva al lector a una segunda, tercera y demás lecturas para atajar los juegos verbales que en el poemario se devanan.

            No hay truco alguno, Caissa –musa griega del ajedrez– es el personaje-espejo en el que se refleja –de los amantes es el juego de los arquetipos– en el Caesar histórico y al mismo tiempo el personaje reelaborado en amante-padre-hermano que complementa la contradicción. Caissa y Caesar parecen ser uno mismo, pero eso es lo de menos, lo importante de esa relación es todo el mundo poético derivado en el que se entrecruzan imágenes de excelente factura.
                 En estos tiempos de grosero individualismo y autoreferencialidad –yoísmo pues– el poemario de Rey Serrata no otorga una solución mágica, parece tampoco buscarla, todo lo contrario, difumina la poesía a lo largo de los poemas que conforman Caesar para que el elector se encuentre en la encrucijada que encierra toda partida de ajedrez. Está de más decir que nos encontramos  en medio del “fuego cruzado” y sólo el lector avezado podrá poner en juego sus piezas. El terreno de la guerra –en este poemario– está preparado para que el lector enfrente su condición de tanque o víctima.




Caesar, Daniela Rey Serrata, Literal, Ciudad de México, 2017.  
                                          

        





viernes, 5 de mayo de 2017

Porno tu porno


                                                                                                                         

No sé bien cómo fue que el tema llegó a colación, pero cuando alguien del corro de amigos con los que degustaba una cerveza dejó escapar algo así como “tu video porno amateur”, todos dejamos de lado otras charlas y la atención se focalizó en el indiscreto amigo y el quemado, el aludido. Al baterista de risa fácil no le quedó más que explicar que, revisando su correo en la portátil del agraviado, “sin querer” –los ardites absurdos de la culpa—había dado con un vídeo en el que un coito mal grabado, trepidante y entre claroscuros propios del halo de luz emitida de la cámara del celular con el que se grabó la escena, era el protagonista. Añadía, para otra torpe disculpa, que lo bueno es que no se veían los rostros, que sólo los había reconocido por la voz de los gemidos y las palabras obscenas. Las risas atronaron. Después de poco más de 10 minutos de intensa carrilla el amigo estaba vapuleado, sonrisa nerviosa y un sudor frío que perlaba su frente lo delataban. Fue entonces que alguien dijo que no era para tanto, que no lo tomara en serio porque a final de cuentas toda pareja tiene su vídeo porno, “todos tienen sus secretillos sucios”. Los hombres y las mujeres presentes nada dijeron, los que estaban con pareja sólo desviaron la mirada sin desmentir o asegurar nada, el silencio había sido contundente.
            La pornografía, “observar el erotismo de los otros para el erotismo propio” (masturbarse: Procurarse en soledad goce sensual), es una de las actividades humanas más viejas en la historia del comportamiento humano. Pero es hasta mediados del siglo XX  que la pornografía se hace industria mundial. Después de liberarse en los cincuentas de un puritanismo rígido e hipócrita (el sexo oral y anal se consideraban prácticas criminales), Norteamérica abanderó la liberación sexual en la que hippies, movimientos lésbicos-gays, artísticos y de otra índole, coincidían en su lista de buenos deseos y utopías por cumplir. El amor libre –hippiteca dixit—había obtenido una victoria. Sin embargo, los grupos vulnerables y minoritarios (prostitutas, lesbianas, homosexuales, transexuales, etc.) siguieron esperando por reconocimiento social e igualdad de derechos. Esto no opacó el ambiente festivo de la época y gente como Hug Hefner, Samuel Roth, Larry Flynt, etc., le dieron un giro a la idea de “entretenimiento para adultos. Cualquier experto en la materia objetará lo último subrayando que las filmaciones eróticas son más viejas, y dicho especialista está en lo correcto. Se tiene testimonio de filmaciones europeas, americanas y sudamericanas de gente masturbándose, en striptease o en pleno coito, sin embargo, como industria fílmica es innegable que el fenómeno comienza en el paradisiaco San Francisco de los años setentas. Películas como “Mona, the Virgin Nymph” (1970) de Bill Osco y  Howard Ziehm, “Boys in te Sand” (1971) de Wakefield Poole, “Deep Throat” (1972) de Gerard Damiano, son consideradas la punta del falo cinematográfico triple equis.           
Hoy en día el circuito del porno no difiere de empresas de entretenimiento como MTV o Hollywood. Hay casas productoras, presupuestos de todos los tamaños, géneros y subgéneros (desde Softporn fresa hasta Necro-Hardcore), hay actrices y actores para todos los gustos y de todos los niveles, revistas, canales en televisión de paga, productos, festivales, alfombras ¿rojas? y premios anuales. De su consumo exorbitante se coteja que todo adolescente, joven y adulto ha visto pornografía alguna vez en su vida, pero casi todos lo niegan.
No dudo, sin embargo, de mentes castas que por motivos diversos no han visto cine porno, o han evitado las revistas y los sitios web. Lo que sí no se puede negar es que presenciar un acto sexual excita la mente y los sentidos, es una experiencia sediciosa, purgante y a la vez turbia. “La mirada pornográfica activa en nosotros una tendencia natural del deseo: mirar aquello que se supone no debería ser visto. Si el cine es por antonomasia una actividad intersubjetiva y voyerista, el cine porno –y en general la pornografía –es su apoteosis mejor lograda” (Donato M. Platas). Cuando los patriarcas del celuloide y el lubricante develaron éste secreto colocaron reflectores, alistaron las cámaras, en sus comunidades sexuales pusieron a coger a fulanitas y sultanitos, editaron cintas, maquilaron el producto y le empezaron a dar a la gente las fantasías y experiencias de las que de una u otra forma ansiaban participar, pero que escapaba de sus posibilidades morales, económicas, civiles, etc. Generaciones de adolescentes, entonces, tuvieron sus primeros descubrimientos sexuales con las pocas cintas que de mano en mano, almidonadas, se traficaban. 
Para Claudio, un amigo que para el año de 1971 contaba con dieciséis años de edad, el mundo del cine prohibido fue el terreno donde descubrió y aprendió sobre las artes amatorias. Él recuerda: “éramos unos chicuelos con curiosidad. Nos gustaban las chicas, queríamos saber todo pero a la vez nos dábamos cuenta de lo poco que sabíamos del asunto, acaso lo básico: que en la concha se mete la pinga. Sabíamos que había revistas, sí, pero era complicado tenerlas en casa. El sexo era un asunto privado que guardaban muy en secreto los padres, algo había de malicioso si uno preguntaba por el asunto. Entonces encontramos a un amigo mayor que tenía un proyector y había conseguido unas cintas donde el sexo era explícito. Parecía un minicine, pubertos calientes del barrio acudíamos a las proyecciones. Nos sentíamos transgresores, estábamos viendo cosas prohibidas que muy pocos habían visto. Entenderás que en el Chile de los setentas casi nadie tenía acceso a éste tipo de material. Nos sentíamos intrépidos, conocedores y cómplices de un secreto”.       
Una amiga feminista me comentaba que ella veía en la maquinaría XXX un tipo de enajenación clasista para evitar que las clases explotadas, minorías y uno que otro torcido mental, hicieran el menor daño de índole sexual. Una válvula de escape para el casado, el solitario, el pobre, el inadaptado, el divorciado, etc., una manera más económica y práctica de mantenerlos ocupados en sus horas libres, sin mencionar las ganancias que el sexo en la pantalla destila. Mi amiga continúa: El cine porno, como consecuencia de una visión machista, cosifica a la mujer y asegura el estatus de la repartición del producto sexual. La maquinaria porno entonces parece decir: tengo actrices de todos los colores, todas las tallas, mujeres exuberantes y dispuestas a toda filia, consume, porque esto será lo más cercano a una mujer, o una experiencia como ésta. Los Juniors, la gente con poder adquisitivo no ven porno, no necesitan ver lo que hacen otros para hacerlo ellos.
Para otro camarada de letras el cine de culos, vergas y tetas –como industria—es una forma de entretenimiento que explica su alcance y éxito en la diversificación de sus actividades comerciales: Desde los viejos establecimientos en los que se exhibían solamente los videocassetes, pasando por las cabinas, las salas de exhibiciones, las sex-shops con toda su parafernalia, hasta los festivales eróticos y convenciones donde actrices, actores, stripers, productos y castings para futuras estrellas del viejo “mete y saca”, son el platillo principal. Espectáculo y sólo eso, pero generada por una industria que ha llegado a un  cenit y que es poderosa, no sé qué tan influyente pero sí subterráneamente poderosa. Tan sólo Donato reportaba en 2012 que “según un estudio realizado este año el 30 por ciento de todo el tráfico de internet es porno, ya que recibe la asombrosa cifra de 4.4 mil millones de visitas”.
Coincido con los amigos: descubrimiento, morbo, enajenación, catarsis, excesos, tragedias, negocio, el cine porno es eso y más. Sin embargo, datos de pornhub (uno de los mayores sitios webs porno a nivel mundial) aseguran que las tendencias y hábitos de los pornonautas y consumidores mexicanos ha cambiado, y esto es representativo por que explica una parte de la crisis que atraviesa el mercado del cine cachondo profesional.
Poco después de que internet viniera a cambiar todo en el ámbito del espectáculo y el entretenimiento, ya las grandes productoras habían quemado la mayor parte de sus ases. El consumidor de porno en formato videocassete y dvd –que nunca dejó de ser una minoría -- poco a poco se fue aburriendo de guiones soeces  y ridículos, mujeres curvilíneas y hermosas de perfecto pubis afeitado, histriones de miembros imposibles y brutales, coitos libres de sudor, mucho aceite, posiciones y actuaciones que poco o nada tenían que ver con el sexo real. “Ése otro no soy yo ni la gente de mi realidad inmediata”. El voyerismo había dejado de ser excitante, el voyerista simplemente se cansó de la superproducción creadora de lugares comunes.
Mientras el género se reinventaba con la apertura a otros subgéneros (Europa y sobre todo Japón innovaron en el terreno de las perversiones)  y con la participación más activa de las mujeres a nivel de producción y dirección, internet vino a darle otro arrimón avieso a empresas como Private, Playboy, Europorn, NKH, etc. La industria entraba en severa crisis afectada ya por la piratería, la competencia, las restricciones legales y su propio agotamiento. Pero la red, como bien se sabe, no acabó con la industria sino que la transformó de manera profunda. Las grandes empresas del también antiguamente llamado “cine azul”, enfrentaron nuevos retos ante nuevos hábitos de consumo de la pornografía en vídeo. 
De la confidencialidad de pareja al ámbito público en un click (Todos somos pornos)
México, según pornhub, uno de los pocos sitios que analiza el consumo de  su sitio web, es uno de los países líderes en visitas pornográficas. En su balance de 2013 el portal arrojaba datos relevantes sobre las preferencias y hábitos de visitas. Según el sitio el lunes era el día más saturado, la estancia por internauta era de aproximadamente ocho minutos con cincuenta y seis segundos. La categoría predominante en mujeres era “lesbiana”, seguido del gusto por los tríos. En hombres predominaba las categorías Teen y MILF (filias en los extremos de la edad). Pero en el terreno de búsqueda por palabras sobresalían las palabras “Mexicanas”, nuevamente “Teen” y el nombre de la actriz “Lisa Ann”. Sin embargo, en los últimos dos años la tendencia ha cambiado y todo parece indicar que el gusto por el sexo casero va desplazando los films de las grandes casas productoras.
            Las palabras registradas en el último año en buscadores de sitios xxx han sido “mexicanas”, “casero”, “gordibuenas”, “amateur”, “hoteles”. El tiempo por visitante ha aumentado en minutos y en la variedad de dispositivos (Xbox y otras consolas de juego, teléfonos, tablets, computadoras portátiles y de escritorio) en los que mujeres (número de internautas que ha aumentado considerablemente) y hombres se dan sus minutos para el voyerismo y el autoplacer.
            Datos ociosos, cierto, pero para la gente del negocio significaron números rojos, merma sobre la merma en el terreno mexicano, pues no sólo se ha dejado de comprar su producto sino que lo han dejado de ver. Como respuesta, algunas empresas internacionales han invertido en los festivales eróticos recurrentes en los últimos años, Expo-Sexo. Sin embargo, como se apuntó ya antes, la gran industria se encuentra con estos nuevos retos y la crisis por la que pasa no amenaza con derrumbarla, pues igual que el imperio hollywoodense, el del porno sabrá conservar a sus consumidores o creará nuevos, mientras la curiosidad y el deseo sexual siga alimentando los esfuerzos de los seres humanos (adolescentes nunca faltarán).
            Para nuestro breve análisis, los datos arrojan más sobre el comportamiento del mexicano en sus hábitos sexuales. Y vaya que han cambiado, al igual que en muchos otros países, los  mexicanos, comunes y corrientes, se han vuelto productores, directores y protagonistas de sus propios vídeos porno. Ya no les basta la ficción, el mexicano quiere sexo real, quiere ver y ser visto, quiere atención y ansía la experiencia del verdadero voyerista (ver lo que no debe ser visto), y la instantaneidad de los medios le permite ser espectador y protagonista del gran big brother de carne y líquidos: ver al otro y ser el otro, el del vídeo, el mismo pero otro: el que fornica.
             La mirada pornográfica requiere de mínimo tres participantes: los que comparten el momento íntimo –y que en ningún momento pueden verse así mismo en el acto—y el que observa, éste último vital en la interacción pornográfica. Esto se puede comprender fácilmente si uno pone atención en los grandes espejos de pared y techo –sutiles–de  algunos cuartos de “cinco letras”.
Si el cristal permite la contemplación del coito –uno mismo que se observa gracias al reflejo--, el vídeo casero permite cerrar el triángulo pornográfico al poder revivir  una y otra vez el momento. Siendo el vídeo de otros a los que no se conoce –y que se entregan de manera natural al placer de la carne—el voyerista logra su fin esencial: ver lo que se supone no debe ser visto, asistir a la intimidad del otro, asistir al secreto del otro (incestos, infidelidades, coito entre parejas que no saben que están siendo grabadas, exhibicionismo, etc.).
Tito Constanso, un comerciante de selecto cine azul en el mercado de la Lagunilla, reitera lo aquí expuesto: “Todavía, y durante años, me han pedido los dvd’s que, según se cuenta, graban en los hoteles de paso de la Ciudad de México. Se llevan las recopilaciones de vídeos caseros a falta de los supuestos vídeos ocultos en posadas. La demanda me hizo buscarlos, yo al menos te digo que no existen, no los he encontrado. Pero quién sabe, la banda está bien torcidita y en una de esas sí andan rolando por ahí. El caso es que la gente quiere ver a otras personas iguales a ellas cogiendo”.
Con la accesibilidad de un dispositivo móvil y de un click a otro, la gente pasó de ser espectador a participante, de la confidencialidad de pareja a la intervención comunitaria de la intimidad. Todos somos pornos… queriendo o no. Y esto último es el lado negativo del asunto, pues aunque va en aumento el número de personas que suben sus propios vídeos a la web, la mayoría es material que ha sido robado, tomado por terceros o puestos en la red sin el consentimiento ni conocimiento de la persona involucrada (en algunos casos se exhibe el vídeo a manera de venganza). Situación horrible, pues aunque nos resulte morbosamente atractiva la actividad sexual de otras personas, la verdad es que a pocos les gusta que desconocidos los vean en el abandono total del sexo que es, acaso como la ebriedad, un estado de total inconsciencia. ¿O a quién en su sano juicio le gusta que lo graben en los desfiguros de la borrachera para divertimento de los otros?
Por ello --y si no eres exhibicionista o estrella porno pero te gusta ver a tu(s) pareja(s) y a ti mismo echando un buen palo --, para evitar extorsiones, malos entendidos, el trauma de ver a tu pareja cogiendo con otra persona (de su pasado o de su presente) o pertenecer al selecto link de los vídeos caseros de xnxx, youporn, parísporn, mexibuenas o Mexxx, sin tu consentimiento. Para lo que no te pase lo que a mi amigo, te recomiendo seguir los siguientes tips básicos:
a)      Consentimiento en grabar o ser grabado. El respeto ante todo (Nada peor que ser capturado por cámaras ocultas).
b)      No guardes archivos de vídeo en celular, tu usb del diario, laptop u otro dispositivo de uso cotidiano.
c)      No compartas tus vídeos por mensajería de Facebook –u otra red social--, Whatsapp, ni los mantengas almacenados en la bandeja de tu correo electrónico.
d)     Cómprate un tripie para obtener buenos vídeos
e)      Cobra regalías si alguien ha visto material tuyo. Argumenta que se la han jalado o metido los dedos con el sudor de tu cuerpo.
f)       Si te vas a grabar para compartir jamás finjas un orgasmo, eso te quita likes. 




                     
                                                                                      
       

sábado, 14 de enero de 2017

La mosca en mi pared



La amistad no sólo es complicidad, camaradería y buenas borracheras. La amistad es también –y necesariamente—conocimiento, retroalimentación, aprendizaje e influencia.  Sin embargo, cuando yo tenía dieciséis años y cursaba el primer grado de preparatoria, estaba muy lejos de tener amigos. Estaba solo. Bueno, quizá suene un poco exagerado, cierto es que estaban los compañeros de aula, los del equipo de fut y los del primer empleo, pero realmente con nadie de ellos podía charlar de lo que realmente me interesaba: música y literatura.
Entonces sucedió. Una tarde la hallé como una mancha negra y gorda en la pared. Realmente no recuerdo cómo fue el primer contacto pero La Mosca estaba ahí, conmigo, zumbaba irreverente mientras el profesor de trigonometría se desgastaba en fórmulas, bostezos y mentes obtusas y ausentes.
            Para ése primer encuentro con la Mosca en la pared, revista especializada en rock y géneros alternativos, el proyecto ya contaba con seis años zumbando en el difícil terreno editorial mexicano --la revista salió del huevecillo en 1994. Era 2001, la publicación ya había pasado por unas forzadas vacaciones de año y medio para regresar en 1998. El mundo estaba cambiando con velocidad inaudita, sin embargo, yo aquellos años de adolescencia los sentía pasmosos y lentos, internet comenzaba su expansión –yo dudaba en entrarle al mundo de las máquinas, cosa que en dos años más sería inevitable porque la asignatura de computación se haría obligatoria—y asistía al tianguis del chopo para comprar discos, libros y parafernalia sin guía ni criterio alguno (me avergüenza aceptarlo pero hubo discos y cintas que compré simple y llanamente por que la portada me parecía buena o llamaba mi atención).
             Con La Mosca cambió el panorama y mis hábitos. Ahí estaba para guiarme el siempre joven José Agustín, escritor del que no conocía su prendidísimo lado melómano, contaba con una sección, “La cocina del alma”, en la reseñaba grupos o músicos –muchos rarísimos—de todo el mundo. Por el autor de La tumba llegué a proyectos que se volvieron entrañables: Isildur´s Bane, Sigur Ros, Brian Eno, Supertramp, Joe Strumer & The mescaleros (ya sin The Clash) entre otros. Sergio Monsalvo C. y Rogelio Garza lucían también tremenda pluma y en reportajes y artículos sobre jazz, blues, rock y todos sus subgéneros, derrocharon conocimiento fineza y desfachatez. “La nueva música Clásica” era otra sección que no tenía desperdicio y en la que obtuve información de discos –Desintegration de The Cure, por ejemplo—que hoy se consideran fundamentales en la historia del rock. En corto, en el terreno del periodismo musical se caracterizaron por la variedad de géneros que abarcaban número con número (entre sus portadas desfilaron Tin Tán, Janis Joplin, Slipknot, John Lennon, U2, Bob Marley etc.), así como por el humor en convenio con la crítica y la investigación. Pero también tenía sus detalles: José Xavier Navar –quién siempre gozó de un humor negro y agudo--, junto al siempre polémico Hugo García Michel –director perpetuo de la revista y pluma mordaz en el ring de la crítica mexicana– se agarraban de bajada, literal, a los exponentes de lo que despectivamente llamaban “rockcito hecho en Mexico”. Saúl Hernández y sus Jaguares, Maná, Chela Lora y su TRI, Moderatto, Tacubos y demás bunburismos, eran clientazos de la sección de noticias humorísticas “Rock Express”, de la editorial “Ojo de Mosca” y “Vacas Sagradas” –sección descanonizadora de Goyo Cardenas Jr. Era tan tremenda la vapuleada que llegó un momento en que lograron dar hueva con su carrilla, aunque todos los aludidos, sin esfuerzo alguno, se ponían de pechito con tanto disco tributo (¿alguien recuerda los adefesios musicales donde los rockeritos mexicanos coverearon a José José, los Tigres del Norte, José Alfredo Jiménez y hacían colaboraciones con gente como Celso Piña(ta)?), concesiones, gratuidades y pendejadas propias del mundillo del espectáculo mexicano.
            Por pluma de Kurdtis conocí también a varios exponentes de la música oscura en sus diferentes géneros (pos-punk, gótico, metal y sus vertientes). Paradise lost, Theatre of tragedy, The Gathering, London After Midnight, Ataraxia, Therion, agrupaciones que pertenecieron al soundtrack de mi adolescencia gracias al señor Kurtdis. Pero de cuando en cuando se le deslizaba la cursilería –patetismo a veces propio del género—a la hora de reseñar conciertos o discos. Echa la observación, le agradezco por aquel artículo intitulado “Roqueros y otros suicidas” con el que nos hicimos amigos sin que él lo supiera.
            Pero esta posma no sólo se la sabía en el terreno la música, de hecho lo mejor que me compartió lo hallé en otras secciones que me permitieron un acercamiento –mucho muy ameno—al cine, la literatura, la crítica, el comic, la crónica, los tatuajes, el porno y otras linduras.
            Por José Xavier Navar –nuevamente—conocí el material raro que solamente movía la gente de Mondo Frek, allá en un rincón de una de las bodegas del tianguis del chopo: el cine de David Lynch, Bergaman, Passolini, el cine clandestino de Peter Jackson, directores de culto de todo el mundo, porno, gore y demás joyitas. Celebré sus reseñas sobre el cine serie B mexicano, ficheras y de luchadores, nunca exentas de jocosidad. Fedro C. Guillen me enseñó sobre crónica, en él encontré la agudeza de visión y lo divertido que puede ser la ciudad y sus habitantes…, sobre todo sus incomprensibles habitantes. El maestro Ruvalcaba problematizaba sobre sexo, alcohol y música con sello propio, aunque confieso que prontamente me cansé de sus textos, pues considero que del alcohol y del sexo no se debe escribir, son actividades que se deben hacer.  Susy Q fue otra pluma que me atrapó, su desparpajo y su ingenio, siempre sexual y punk, me arrancaron muy buenas risas.  
            Odiado y querido por muchos, Hugo García Michel tenía una sección buenísima que me acercó al terreno de la crítica: “Razón de la crítica impura”, por ella desfilaron Cristopher Dominguez (crítico literario), René Franco (crítico de espectáculos),… (crítico de música) y otras voces que me ayudaron a comprender mucha de la importancia de la crítica en un país que poco y mal entendía sobre el asunto. 
            Recuerdo también a Naief Yeyha y sus artículos agudos sobre el 11 de septiembre y la consecuente invasión norteamericana sobre suelo afgano, conflicto armado que acompañaría el inicio del nuevo milenio.  Adriana Díaz Enciso me imbuía en el modus operandi del escritor con su columna “Desde la buardilla”, y José Quintero me atrapó con su comic filosófico Buba. Igual, como nada podía ser perfecto, detestaba la narrativa de Paty Peñaloza –que escribía sendas tragi-crónicas de grupis y amoríos mal logrados que sólo a ella le interesaban—y Hamlet Ultra peluche se las arreglaba para darme un ataque de hueva en menos de un párrafo. Pero bueno, qué amigo no tiene sus defectos.
Pero el que se llevaba las palmas –mis palmas mis ahorros y mi devoción yonqui—era el señor botellito de jerez Armando Vega gil con las entregas de las Crónicas de un guacarroquer. Todavía recuerdo aquel capítulo emblemático donde él recuerda su encuentro cuasi místico con el maestro de la Onda y con el que habría de entablar una amistad anónima y entrañable. El onceavo capítulo de la entrega ¿Cómo he de rascarme el güevo si ya me arrancaste las uñas? Comienza con el guacarroquer Armiados Huevas Vil rememorando sus tiempos mozos “allá en la colonia de-mal-ver-Galbuena, frontera con la Mocoztezuma, a las orillas del canal abierto del desagüe, que vomitaba y chido un olor prieto apretado y tibio a caño gigantesco con todas las cacas y meados de la ciudad más pocamadre e inmunda del mundo.” Exiliado del cuarto que compartía con su hermano mayor “una noche de Pop en el baño, me topé con un texto que de entrada me pescó machín rin por los güevos de mis neurotransmisores, provocando una liberación encabronada de serotonina que me puso los sentidos al rojo vivo. […] “Tres almuecas en mi coco”, escrito por Parménides García Saldaña.” Entonces aquel “puberto putito imbécil tartamudo con dislexia y rastros de autismo” tuvo… algo cercano a una iluminación después de dicha lectura: “… lo que me dejó pendejísimo era que en medio de aquel fárrago desmadrosísimo, encima de aquel aparente no decir nada cantinfleado y delirante, había unas ganas brutas por partirle la madre a los buenos modales del Español, la ortografía y la gramática, […] Yo jamás en mis libros de texto gratuito había visto algo así: esas palabras estaban vivas, tenían colmillos y aguijones y se te metían por debajo de los calzones y te hacían consquillitas en las nalgas. ¡Qué cosa tan bella!”. Gracias a la revista Pop fue que aquel morro “clasemierdero poquitero”, conocería a “José Agustín y Jesús Luis Benítez, Ignacio Betancourt y de ahí a Chin chin, el teporocho Kerouac y Alan Wilson. […] ¿Algún puto día le podría decir que él me había cambiado la vida y que desde ese día lo coloqué en mi cajón de superhéroes junto con Cri Cri y Santo, el enmascarado de plata? […] Yo era el peor de la clase de Español y sin embargo, por embrujo de Parménides, decidía que lo mío era escribir.” ¡Patéticos y hermosos recuerdos!

Algo así como al Armiados le ocurrió con la revista Pop, así me ocurrió con La Mosca en la pared. Sí, ellos fueron mis camaradas, mis grandes camaradas en la distancia. Con ellos conocí de música, cine, libros…, reí mucho, me enojé, discutí y alegraron mis horas de ocio y soledad. Un día, supongo, ya no la encontré en los puestos de periódicos, pasaron los meses sin saber que había sido de la “publicación menstrual”, después el olvido. Ahora, casi quince años después de aquel primer encuentro afortunado con el número con la portada de Slipknot, me he enterado que en 2008 la revista había entrado en su segundo retiro forzoso y que en el territorio digital, el proyecto, simplemente fracasó. En 2013 dio inició una nueva aventura con el apelativo sencillo de revista Mosca, publicación mensual que me parece haber visto en aparadores, pero que ya no adquirí. Supongo y es obvio que muchas de las plumas con las que crecí ya no están, todo proyecto tiene que renovarse. Que la nueva Mosca haga sus propios vástagos y cómplices, yo me quedo con mis ya viejos amigos. Agrego: amistad es pretexto para el recuerdo, recuerdo que es asidero de vida. 

jueves, 11 de junio de 2015

Adentro de la oscuridad... la última luna de invierno. Entrevista con Wintermoon




















Con una larga tradición musical y una postura concreta e inflexible, Wintermoon, banda de black metal de la ciudad de México, no es una agrupación más de metal. Por derecho propio, y asentando con raíces negras en su satanismo –vivo en la muerte, que es la vida–, se han ganado un lugar especial en la escena metalera nacional en la que ahora, con nuevo disco, hacen valer las fronteras de su blasfemo territorio con la presentación de su Oceanthrone Leviathan, que también presentarán en el Aquelarre fest. De su nuevo disco, de sus presentaciones y de lo que significa ser una banda de black metal en México, nos habla Dod Sjel (guitarra), Fohat (guitarra) y Wrath Evilness (bajo) –tres de los integrantes de Wintermoon–, en un charla chelera a las afueras del Español hoyo aledaño al tianguis del Chopo–, un sábado cualquiera.



¿Cómo les ha ido con la presentación de su nuevo disco, el Oceanthrone Leviathan?
            Fohat: Prácticamente acaba de salir. Estamos entregando copias y pensando en las presentaciones oficiales de este disco para finales de noviembre, intentando llegar a varias partes de la República o donde nos inviten, y en las presentaciones trataremos de tocar el disco completo.

¿Dónde se puede conseguir este nuevo material?
            Fohat: En la página oficial de Wintermoon en Facebook, o con Fb@Adrián Wintermoon, Joel Morales de American Line, básicamente con ellos.

¿Cómo resumirían el andar de la banda desde el Hellthrone Baphomet hasta el presente Oceanthrone Leviathan, en qué ha consistido la evolución de Wintermoon?
            Fohat: Básicamente ha sido una transición musical y de personal, cambiamos algunos integrantes y, aunque suene muy trillado, el Oceanthrone... lo sentimos mejor trabajado, ha sido un trabajo en conjunto de todos los integrantes y creemos que es una de nuestras mejores producciones hasta el momento.

¿Lo sienten como un trabajo maduro?
            Fohat: Sí, es un trabajo muy maduro para todos los integrantes porque cada uno aportó lo mejor de su instrumento para este álbum.

Al escuchar muchas de sus rolas encontramos atmósferas oscuras y violencia al mismo tiempo, esto le da una belleza instrumental especial a sus rolas que los aleja del black metal cotidiano. ¿Encontrar belleza en la oscuridad ha sido intencional o ha sido un hallazgo accidental en su música?
            Fohat: No, no ha sido accidental, siempre ha sido nuestra intención. Nosotros estamos inspirados en la magia, en la naturaleza, en los bosques. Nos inspiramos en el mar, en los lagos... Nosotros tratamos de capturar la esencia de la naturaleza y enfocarla en la música, es decir, queremos que cuando tú estés escuchando una rola de Wintermoon puedas transportarte a un sentimiento contradictorio, escuchar la naturaleza en sus sonido de caos, de majestuosidad infernal y más, todo en la misma canción. 

  
Háblanos del concepto ceremonial con que tocan en vivo.
            Fohat: Wintermoon siempre ha tocado influenciado por las bandas clásicas de black metal, sus rituales de fuego y sangre. Como te digo, estamos inspirados en la magia y tratamos de representar cada uno de los elementos para poder explotarlos en el escenario, y que no sólo sea un show donde vas solamente a ver a una banda tocar, sino que seas testigo de un acto realmente oscuro, donde nuestra ceremonia sea representada por cada uno de los integrantes. Sobra decir que cada miembro asume un lugar simbólico el en pentagrama de la banda.  

¿Qué opinión les merece la escena nacional del black metal mexicano, y a qué crees que se deba el ninguneo del público nacional con las bandas locales? ¿O tal ninguneo es una percepción equivocada y no existe?  
     Dod Sjel: No, la percepción no está equivocada. Lamentablemente es una concepción mal hecha la que se tiene del black metal mexicano. Muchas veces la gente critica sin conocer; la gente muchas veces cree que el black metal sólo puede ser en países escandinavos, en Europa, inclusive aceptan que en Estados Unidos se pudo dar un gran auge de black metal, pero nunca se dan la oportunidad de escuchar bandas de aquí. Siempre primero critican, critican la imagen, critican la música sin conocerla; entonces, cómo contestar cuando la gente habla sin conocer. Antes de criticar uno debe tener conocimiento y, con base en ello, poder dar una opinión. En mi percepción y opinión, tengo muy buenos amigos dentro de la escena del black metal y el metal, en general, de México, y puedo decir que México es una gran potencia dentro del black metal y ha sido considerado por gente de otros países que creen que el black metal mexicano tiene demasiado nivel: Es violento, es agresivo, como es lo que en realidad debe ser el black metal.
            Muchas bandas que actualmente están manejando el concepto de Estados Unidos o Noruega, incluso, han ido perdiendo este sentimiento de agresividad. Se han vuelto monótonos, se han vuelto aburridos... entonces, de acuerdo a mi concepción, este ninguneo sobre el black metal nacional es evidentemente malo. Responde a un malinchismo estúpido y el público mexicano debería ver y entender todo lo que hay de trasfondo en el black metal mexicano, así como darle un espacio a todas las bandas que existimos en la escena, antes de criticar.

Dicho lo anterior, ¿cuál es tu percepción de la escena metalera del país tomando las diferentes organizaciones (ONSP, Legión Black Metal, etc.), productoras y disqueras involucradas en la escena?
            Dod Sjel: Sí lo manejamos de acuerdo a ese tipo de hordas en las que se habla de un black metal, por así decirlo, "Pagano", o un black metal nacionalista –porque es el término, si podemos manejarlo así–, hay muy buenas bandas con ideas bastantes buenas y claras. Sin embargo, yo creo que se pierden, muchas veces, en su idea de rescatar el nacionalismo, por eso mezclan ideas que no tienen que ir de la mano, ya venga siendo nazismo con cultura mexica, lo cual creo que está mal conjugado. Sin embargo, como te decía, se respeta. Dejando a un lado el tema lírico, y si nos vamos a un punto netamente musical, hay bandas que tienen un excelente nivel. 

           
El Aquelarre fest, que se llevará a cabo el próximo 17 de Julio y en el que ustedes son una de nuestras bandas estelares, tiene como intención instaurar una tradición anual en la que se den cita las mejores bandas de metal nacional, junto a una banda extranjera, esto en la zona norte del Estado de México (Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli, Naucalpan, etc.), lugar que ha sido semillero de buen metal. ¿Qué significa para Wintermoon  tocar en dicho festival?
            Dod Sjel: Primero que nada, es un privilegio el ser contemplados para tocar en un festival de este tipo, más trayendo a Obeisance, y sobretodo con un cartel tan grande y con bandas de bastante nivel aquí en México. Como dices, el lugar es representativo y en verdad es un honor estar incluidos e ir a mostrar nuestra música, no solamente a la banda vieja que ya conoce al grupo, sino a también a la gente que se va acercando. Esperemos la gente se dé la oportunidad de escuchar el concepto que traemos sobre black metal.
            Y bueno, viendo el cartel, de abajo hacia arriba, uno se da cuenta que pocas bandas son nuevas, otras ya son bandas con muchos años trabajando, por eso me parece muy bueno que hayan agarrado un poco de todo lo que hay en la escena nacional, rescatar un poco de lo que ustedes creen representativo de cada género, y bueno, espero que no sea la única emisión del festival, sino que haya más y pueda haber oportunidad para que otras bandas se presenten en este evento.
 
 Como integrantes de Wintermoon y como personas involucradas en la escena, ¿qué esperan a corto y mediano plazo del black metal mexicano?
            Dod Sjel: Es complicado... Más que esperar algo, yo le pediría a la gente que no se cierre, que se den la oportunidad de comprar un disco físico, de asistir a algún evento a escuchar a la banda antes de juzgar qué está bien y mal hecho. La gente tiene muy malas concepciones sobre cómo se debe hacer el black metal, y muchas veces se trata de gente que ni siquiera lo hace. Solamente son fan's, gente aficionada que cree que por el hecho de coleccionar discos –discos a los que, a veces, ni si quiera les ponen atención–, ya pueden criticar a todas las bandas. Entonces... más que esperar, yo pediría que se escuchara lo que se está haciendo en el país para que crezca la escena nacional... para que todavía exista una escena. Porque lo que se hace con ese tipo de ideas, es menospreciar a las buenas bandas y se le da oportunidad a gente que, muchas veces, no son más que impostores, gente que no sabe lo que está haciendo. Esa gente está ahí, mientras otras bandas no reciben la oportunidad. Entonces, regreso a lo que ya te he comentado: Yo pediría a la gente que se dé la oportunidad de escuchar y conocer más.
            Fohat: Prácticamente ya no espero nada. Después de quince años de tocar black metal, lo único que ofrezco, a la gente que gusta de este género, es seguir creándolo. Conforme ha pasado el tiempo se ha agregado más gente a la que le gusta el proyecto, yo espero que haya gente nueva a la que le siga gustando Wintermooon, y si no pues también respetamos sus gustos y decisiones. No hay mucho camino en el black metal más que seguir haciéndolo bien, con huevos y con lo que uno cree.
            Wrath Evilness: Pues, como comentaba Erick, en quince años nos hemos dado cuenta de que no hay realmente un apoyo, hay mucha crítica infundada... demasiada. ¿Yo qué espero del black metal? Yo, por mi parte, quiero seguir dando lo mejor para lograr un buen black. Como ya lo han referido mis compañeros, hay bandas excelentes en todo México y yo deseo seguir aportando mi semilla para que el black metal se mantenga en ese nivel. Evitar que el black del país se pierda con la nueva idea que tienen muchas bandas de pos-black metal. El pos-black metal realmente ya no es black metal. El black, como dijo Carlos, debe ser fuerte, duro y rápido, sin nada de sentimentalismos. Si bien hay pasajes oscuros con la música, el black debe ser duro y no melancólico o triste, ni tirarse al olvido.
           

¿Han escuchado a alguna de los ocho bandas del mundo con el mismo nombre que ustedes, y qué es lo que hace diferente a Wintermoon de México de las demás?
            Dod Sjel: Cada banda tiene su toque especial. Sé que la mayoría son europeas y no las he escuchado a todas. Wintermoon de México, aparte de black crudo, es violencia, odio, culto a la naturaleza, satanismo sin falsos conceptos. También somos atmósferas y creo que muy pocas pueden lograr esa mezcla, ya no digamos, del modo correcto. Creo que pocas bandas saben meter una armonía, el sampleo de un bosque mientras hacemos un arpegio, algún requinto, lo que gustes. Muy pocas bandas logran hacer ese tipo de cosas y creo que eso es lo que hace a Wintermoon de México, una banda especial: poseer la creatividad para conjugar todo de manera correcta.
               Wrath Evilness: OK. Mira, para responder a la pregunta, primero tendría que decir que cuando Wintermoon se crea,, no lo hizo pensando que había otras bandas con el mismo nombre. Se hizo tomando en cuenta esa última noche de invierno donde se hacen todos los aquelarres y celebraciones paganas, a nivel mundial, y pensando en que queríamos hacer black metal. Sé que hay las bandas que dices, otras tocan otro género, conozco una más que toca black metal pero desconozco la intención de su formación. Wintermoon, sin duda, lo que tiene como objetivo es rescatar la esencia oscura de la luna, y lo que representa.
            Fohat: A mí con todo esto me acabas de recordar cuando yo era muy joven, jajaja. Salía yo de mi casa a cualquier lugar, y me ponía mis audífonos y escuchaba un disco entero, ya fuera Satirycon con su Dark Medieval Times u otros, entonces sabía que esa música me producía algo: rencor, ira y rabia al caminar y ver caminar a la gente... algo similar pasa con Wintermooon. Puedes escucharlo, sentir esa fuerza, la rabia, los elementos ocultistas y espirituales dentro de la música, en eso radica la diferencia de este Wintermoon con las otras bandas, que lo puedes escuchar y relacionar la ira y la rabia, con el ocultismo y lo espiritual. Somos una banda oscura a la que le gusta la esencia de la maldad y la naturaleza. En eso creo que radican las principales características de Wintermoon de México.

Por último, la pregunta que no está en la lista: En dos, tres palabras, ¿ustedes cómo definen el black metal?
            Wrath Evilness: Música agresiva.
            Dod Sjel: Culto del Fuego Nuevo.
            Fohat: Caos intencionado.


Fotografías de Gabriela Castelán
Entrevistó: Israel Rojas 

 



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