viernes, 15 de agosto de 2014

J. D. Salinger., El guardián entre el centeno


                                                                                      

El poeta escocés Robert Burns escribió durante la segunda mitad del siglo XVIII uno de los poemas más sugerentes y hermosos; en la segunda estrofa sus versos dicen así: Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo / cruzando por el centeno / si dos personas se tocan / ¿tiene alguien que conmoverse?
    Estos son los versos que inspiran al escritor norteamericano J. D. Salinger para escribir su novela El guardián entre el centeno, la historia de un joven de la clase acaudalada de los Estados Unidos de mediados del siglo XX, Holden Caulfield. Estudiante mediocre, muchacho frívolo e indolente, burlesco y mentiroso sin remedio, acaba de enterarse de que lo echarán del exclusivo colegio Pencey, y tendrá que volver a casa para enfrentarse a sus padres, más ocupados en asistir a los clubes exclusivos de golf y a atender a sus amigos importantes.
   Holden Caulfied es un grosero, pero sobre todo es un joven solo. Su tragedia no es haber sido expulsado de su quinto colegio, sino el no contar con nadie sincero a su al rededor que lo guíe y lo ayude. Cuando llega a Nueva York, decide tomarse unos días vagando de hotel en hotel y de bar en bar, y todo a su alrededor parece definirse por una falta de sentido.
- ¿A dónde van los patos de Central Park cuando llega el invierno?
- Olvide usted los patos, ellos sabrán apañárselas, ¡los peces!, ¿a dónde van los peces cuando el agua se congela? Se quedan allí sumergidos, y sólo pueden comer a través de su cuerpo congelado. Piense en eso.
Estas son el tipo de conversaciones "sustanciosas" que sostiene Caulfield con los taxistas de una ciudad fría y emocionalmente muerta, una ciudad de jovencitas prostitutas, de chulos y afeminados. Lo curioso es que sólo personas sencillas como ellos parecen prestarle alguna atención. 
   "Muchas veces me imagino, dice Caulfield, que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos..."
   Robert Burns, el poeta escocés, escribió en la siguiente estrofa de su poema: Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo / Cruzando por el centeno/ Si dos personas se besan / ¿Tiene el mundo que detenerse?   

   Muchas veces los literatos resultan ser los augures de una sociedad. J. D. Salinger fue el augur de una sociedad que se hacía y se hace pedazos. Su libro, El guardián entre el centeno, se convirtió de inmediato en un libro de culto, y muchos asesinos seriales han expresado frente a las cortes de los Estados Unidos, en juicios tristemente célebres, que si alguien quiere entender lo que hicieron, debe leerse el libro de J. D. Salinger.
   Cruzando por el centeno, pobre cuerpo / Cruzando por el centeno / Arrastraba las enaguas / cruzando por el centeno.
   Bien, la recomendación queda hecha. Salud.

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