viernes, 15 de agosto de 2014

Tres poemas de "En las afueras", de Diego Morales

En las afueras, Diego Morales,
Editorial El viaje y el camino, México D.F., 2014.


Después de la voz Noé se pone en marcha.
Diligente, árbol tras árbol muerde el polvo;
uno a uno horada el suelo en su caída.
Helo ahí. El fruto de la destrucción es concluido.
El arca bajo el luto de la brea.

Conocemos la historia y ésta nos conforta.
Por compasión de un Dios iracundo estamos a salvo.
Tras el agua en el monte cruje la quilla:
el cuervo, la paloma...,
repueblan la tierra los hechos a Su imagen.

...Pero tú, hermano, no has de confundirte.
Nosotros no fuimos ni seremos salvados.
Entre astillas en vuelo se ahoga nuestra carne;
convulsa la pasión del hacha por dar remedio a los ungidos.

...Somos el resto –el saldo –la ceniza;
el medio inopinado que justifica la causa...






Pese a la ausencia de fosas abiertas
la muerte siguió viviendo;
pese a la falta de su aroma pútrido en el aire;
pese a la risa de dientes amarillos
que en mitad de la pista se enamora;
pese al vuelo electrizante de cabellos, mohines,
escotes...: amapola burbujeante del vino;
pese al consuelo de la danza sin memoria;
pese a los giros del cuerpo que inhala indiferente;
pese a morir la muerte siguió viviendo...,

porque quizá la muerte es lo de menos.



Algo siempre está muriendo;
siempre cierra sus ojos cualquier cosa
en alguna parte.

Incluso el mirlo fenece;
la sombra abraza al cordero;
suave es el alma del buitre
en los pútridos andrajos de la carne.

Sólo nosotros nos creemos inmunes.
En el pecho, el terco tambor que cede hasta
que todo está perdido
nos es aval de un sinfín de vanidades.

Grávidos; merecedores de la luz –jueces...
Sólo nosotros nos creemos inmunes.
Demasiado vivos, hasta la muerte.

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