lunes, 14 de julio de 2014

En la búsqueda del necro-sonido. Parte II

A Vikernes, sí, al muchacho con inclinaciones terroristas y tendencias
paganas, el más político, quizá el más polifacético de la escena primera del
black metal noruego, el piromaniaco y asesino, el genio -afirman sus
incondicionales- es el tipo que venía meditando sobre lo que más tarde llamó
“Necrosonido”, una propuesta sonora emergida de los beneficios de la
grabación de mala calidad, distorsionadores y mucha crudeza cantada con
gutural rabia. Como rememoramos en el número anterior, Burzum es uno de
los pioneros del black metal, Vikernes no sólo es un músico perspicaz sino
también es un tipo de mente activa (lo mejor que le pudo pasar es haber
caído a la cárcel, en esos años leyó todo lo que caía en sus manos y que
afuera. por negligencia juvenil, no hubiera leído) que ha invitado en su
declaraciones y discos a la reflexión de los temas circundantes al black
metal, género en el que cuenta con una larga lista de discos.
    Fuera de lo que comúnmente se escribe, la búsqueda del necro-sonido no concluyó con los descubrimientos del ex presidiario. Siendo sinceros, cada banda hace su búsqueda por obtener un sonido auténtico, objetivo fácil de escribir y perfilar pero que la historia del black puede afirmar que son pocas las que llenan botas como las de Celtic Frost, Berheit o Ulver, por mencionar a viejos maestros de la técnica. Sin embargo, en lo que respecta al necro-sonido, ésta búsqueda no sólo se restringió a lo musical, el objetivo demandaba experimentar los diversos medios fuera de rifs,
diapasones, beat's y tempos. 

Varg Vikernes, sterr-archive.
Conscientes o no del impacto que causaban en la sociedad el corpse
paint, la ropa negra, los estoperoles, gargantillas de agujas y cruces
invertidas, en un principio fueron los únicos referentes externos, imagen, que resaltaban la indeseada efigie satanista. No había, pues, en los primeros black metaleros, pese a su cadavérica amenaza, la malicia del mercader y el publicista, a diferencia de Ozzy Osborne --que a la menor provocación descabeza murciélagos-- y demás excentricidades del medio del espectáculo que supieron hincar el colmillo en el cuello de Don Dinero.
     De una vena más romántica, inocente como la locura en sus primeros estertores, Per Yngve Ohlin, el suicida y efímero vocalista de Mayhem, llama rápidamente la atención de propios y extraños. El tipo es un vocalista fascinante, un sueco desquiciado que había dejado dos demos (Rehearsal (1987) y December Moon (1987)) para la banda que él mismo había formado en 1986 en su natal Estocolmo: Morbid, y que poco después dejaría para invadir Noruega y formar parte de la alineación clásica de Mayhem: Dead, voz, Euronymous en la guitarra, Necrobutcher en el bajo y
Hellhamer, batería. Es unánime, Mayhem es una banda que ha dejado un
largo legado y sigue aportando; por ella han pasado verdaderos monstruos
del metal, y los vocalistas Maniac y Attila Csihar han ido y venido dejando su
sello personal. Sin embargo, ninguno de estos dos últimos ha llenado las
interpretaciones vocales de Dead.
    Dicho se aparte de las excentricidades con que se hizo leyenda (como inhalar, previo a un concierto, el putrefacto hedor de un cuervo muerto contenido en una bolsa, enterrar su ropa para impregnarse de la descomposición, laceraciones en vivo y a todo color en sus presentaciones, etc.), el sueco fue poseedor de una de las voces
más sinceras y trabajadas del black metal: pura furia que no llega al gutural al que
estamos acostumbrados, sino más bien un odio atemperado y pastoso que se
arrastra entre el gruñido, el susurro y el grito demente. Dos demos con Morbid, un
demo, un en vivo y algunas grabaciones sueltas con Mayhem, paradoja, es todo su
legado, sin embargo, con ello fue suficiente para dejar escuela en cuanto a la
interpretación vocal en el black metal, prueba de ello encontramos en las clásicas
piezas: Disgusting Semla, con Morbid, y Freezing Moon con Mayhem.



Per Yngve Ohlin, Slayar-fanzine-archivos.

   Durante la década de los noventas y principios del dos mil, el black metal tuvo un
empuje excepcional, la escena prácticamente se hizo mundial y agrupaciones como Cradle of filth, Borknagar, Dimmu Borgir, etc., daban el salto al gran público vía MTV.
El black metal, curioso, se volvió un cadáver muy vivo que ganaba adeptos y
generaba mucho dinero en todo el mundo, la ley de la oferta y la demanda sacó de
su guarida subterránea al género antipopular por excelencia. Eran tiempos de oscura mediocridad, pese a ello el verdadero black seguía ofreciendo resistencia. De esa camada de los noventas seguro omito nombres importantes, grupos trascendentes. Que otros (quizás tú, lector) aporten al respecto. Para quien escribe esto, es en el año del 2001, en algún lugar de Avignon, Francia ( los galos que también tienen una amplia historia e influencia en el black metal) donde surge un músico no sólo virtuoso sino también crítico, agudo y de una influencia refrescante para el black metal, otro buscador incansable del necro-sonido, nos referimos a La sale Famine deValfunde, la voz y mente líder de Peste Noire.
    Escuchar la voz de Famine y su peculiar black podrido y amorfo, disco tras
disco, es una experiencia en la que se mezcla terror, ironía, rabia, burla y el tajo
candente del orgullo satánico. En otro momento hablaremos de la prolífica marcha
del Komado P.N., aquí quien nos interesa es Famine, no por los rumores que rodean a
este esquivo personaje, sino por las propiedades que ha recuperado y agregado al
black metal.
    Famine recuperó la crudeza del primer black a través del viejo
procedimiento de grabación Vikerniano; de sus compatriotas de “Les legions noires”
(movimiento de black metal francés de la década de los noventas) retoma la
versatilidad del black metal amalgamado a la parte más rancia del punk, todo esto
contrastado, devenido del amplio bagaje cultural franco, con pasajes de música
medieval y una lírica que rescata, en varias piezas, a los literatos más densos de su
país: Lautremont, Antonin Artaud, François Villon, Christine de Pisan, Charles
Baudelaire, entre otros.
  
La sale Famine de Valfunde, metal-archives.com
Al género que se creía rebasado por su misma exposición comercial y la
facilidad con que el black se fundió con el gótico, el folk, industrial, etc., Famine le da
una vuelta de tuerca con su singular visión del mundo. Apartado del chato satanismo y de las fantasmagorías para adolescentes, Famine agregó a su música el cinismo, la
visión crítica, el humor, la versatilidad y el coraje que le hacían falta al black metal.
El estilo de Famine resume bien el proceso del necro-sonido, lo que nos invita a un rápido recuento en el que encontramos la aportación técnica y de método de Varg Vikernes, para después impostarle al necro-sonido una identidad anormal, enferma, una voz digna de la oscuridad, la misantropía sin disfraz de Per Yngve Ohlin logró ese cometido. La sale Famine de Valfunde, escritor de la música y letras de todas las piezas de Peste Noire, condensa el necro-sonido clásico con los elementos que le hacían falta al black metal para volverlo nuevamente un sonido peligroso; sí, peligroso porque señala, cuestiona, se burla hasta de sí mismo y de sus congéneres, su sonido crudo se mantiene fiel a un estilo y a la vez lo renueva, si a esto agregamos que Burzum y Mayhem son proyectos que siguen bregando y que la escena mundial está imparable, entonces podemos afirmar que el necro-sonido, pese a las artimañas del gran mercado, está más vivo que nunca para rescatar de la mediocridad al histórico black metal.





Silas Mesulam

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